Salida en frío con luz dorada, subida breve hasta un mirador, bajada entre viñedos viejos y llegada a una plaza con fuente. Almuerza pan con aceite local, visita un torreón sencillo, charla con quien riega macetas y toma el bus vespertino hacia el siguiente descanso.
Camina una hora suave paralela a los acantilados, detente en un puerto mínimo a probar sardinas y escucha historias de temporales. Un sendero de pescadores te guía hasta un embarcadero fotogénico, donde un autobús tardío, pero fiable, te devuelve a dormir sin prisas.
Desde la capital insular, enlaza un bus matinal hacia un pueblo de piedra dorada. Pasea entre pinos, escucha cencerros, descubre un mirador escondido y visita una casa-museo. Al atardecer, regresa con sol bajo y promesas de volver para una caminata más larga.






All Rights Reserved.